En el piso 47 de una lujosa torre residencial, el adinerado comerciante de antigüedades Youssef celebraba sus reuniones en su oficina privada, la cual contaba con un amplio balcón descubierto. Exactamente a las 16:00, una repentina y violenta tormenta de arena azotó la ciudad, convirtiendo el día en noche y arreciando con fuerza hasta las 16:40.
A las 16:45, se descubrió el cadáver de Youssef tendido en el suelo del balcón, con el cráneo destrozado por un pesado astrolabio de bronce que se hallaba a su lado. La puerta corredera de cristal del balcón estaba abierta de par en par, lo que permitió que la arena invadiera el interior de la oficina.
Al principio, la policía creyó que el crimen había ocurrido en el punto álgido de la tormenta, basándose en los testimonios de algunos presentes en el apartamento. Sin embargo, un examen minucioso de las pruebas físicas y de la cronología reveló una compleja red de mentiras, y demostró que el verdadero asesino había utilizado la naturaleza y los malentendidos a su favor.